La esclava de Juana Inés, un tributo a la palabra escrita y la cocina conventual.

Nomás empezar a leer y nos atrapa la divertida narración de esa niña, medio salvaje y voluntariosa, que no ha aprendido a usar bien el lenguaje y trastoca las palabras a su antojo.  Así se nos presenta el personaje de Yara en la novela La esclava de Juana Inés, del escritor mexicano Ignacio Casas, la cual recibió en el 2019 el Premio de novela histórica del Claustro de Sor Juana y de la editorial Grijalbo.

Existen pocos datos acerca de la existencia de esta esclava, sólo que se llamaba Juana de San José en la vida real y que nació en el Convento de San Jerónimo (aunque el autor ubica su nacimiento en Yanga, primer territorio libre del Virreinato de la Nueva España). Se sabe también que pasó diez años de su vida como esclava de Sor Juana, que quedó embarazada viviendo en el convento y que por último Sor Juana se la vendió con su recién nacido a su hermana, Josefa Ramírez. 

La falta de datos históricos sobre esta mulata esclava brinda la oportunidad al autor de recrear su biografía y mostrar a través de ella el barroco escenario de la sociedad novohispana del siglo XVII. El lugar de nacimiento del personaje en la obra permite la referencia al cimarronaje y la rebeldía al ser Yanga, pueblo de gente libre en Veracruz, el punto de partida de la muchacha quien, por circunstancias de la vida, queda sola y es llevada a la capital del virreinato para ser vendida en el mercado de esclavos. La novela proyecta el ambiente de la ciudad, que fascina a Yara desde su entrada a ella, y adentra al lector en sus calles, plazas, canales y vericuetos por los cuales transitamos junto a ella.

En aquel profuso marco de la ciudad colonial pululan los personajes representantes del poder, los de la Iglesia, los negros y mulatos que compran o venden en los mercados, los cómicos y artistas ambulantes, todo ese heterogéneo mosaico que componía la sociedad de la época. Al mismo tiempo conocemos de eventos acaecidos que de un modo u otro influyeron en las vidas de sus habitantes: la inundación de la ciudad, las condenas de la Santa Inquisición, el eclipse, entre los más importantes.

Las leyendas y supersticiones no faltan en la obra; la historia de la aparecida en el patio del convento cuya figura se refleja en la fuente es un ejemplo de ello. La inexplicable desaparición del esclavo Orlando de su celda de castigo, donde esperaba para ser llevado a la hoguera, condenado por el pecado nefando de ser “amante de Satanás y que por eso hechizaba como sirena a hombres y mujeres” (Casas, 2019, p.119), es una evidente muestra de la influencia del realismo mágico en la narrativa de Casas.

En contraste, los instrumentos de estudio que Sor Juana atesora en su celda y las disquisiciones científicas en que se enfrasca junto a su visitante muestran la otra cara, la del estudio y búsqueda de la verdad. Y esta sed de conocimientos que van más allá de los dogmas de la iglesia se demuestra de manera especial en el final sugerido por la monja tornera para la esclava Yara, durante el fenómeno natural del eclipse, cuando todos en la ciudad corren en pánico por aquello para lo cual no tienen una explicación.

Ignacio Casas, a través de mujeres que viven en el encierro, revela el mundo machista de aquel tiempo. Yara, lo sufre desde la infancia, huyendo y esquivando siempre a don Diego de Mataráz a pesar de ser libre en Yanga. Lo experimenta más tarde cuando es vendida y hasta violada en la ciudad capital; lo padece de nuevo cuando el negro Lorenzo la abandona al saber que es el padre del hijo que ella lleva en el vientre. Las monjas del convento también lo han sufrido y cada una tiene su historia triste de abuso e incomprensión; han amado, han parido, han enloquecido víctimas de convencionalismos y restricciones.

Los personajes femeninos en la obra son sólidos y se entrelazan en una especie de solidaridad que alivia un tanto la vida de clausura que llevan. Es en extremo emotiva la relación que se establece entre la madre tornera y la esclava; la tornera es la que le abre las puertas dentro del convento, pero también a un futuro como puede verse al final de la historia. La madre chueca consiente a Yara en la cocina con chucherías y dulces, Y la madre poeta le enseña a escribir. Yara, que se resiste al inicio, aprende a escribir su verdadero nombre y ya luego no puede prescindir de papeles y tintas, que como buena pícara es capaz de robar porque ya le son indispensables.

Google Foto

La palabra escrita es protagonista en esta novela. Esa niña arisca, cambuja, saltapatrás que vemos en las primeras páginas descubre la belleza de la poesía al leer, a escondidas, versos de El cantar de los cantares que tomó de los libros de Sor Juana. Y descubrió también el amor y el deseo, que idealiza a través del negro que entra al Convento para vender víveres traídos desde las chinampas de Xochimilco y Culhuacán: Lorenzo.

Cuando se ha portado mal y la aíslan la monja poeta le lleva papel y tinta a la celda de castigo, y Yara escribe. “¿Acaso la madre poeta es la única que escribe canciones y villancicos? No, también los hago yo.” (Casas, 2019, p.84) dice la esclava y así nace durante su encierro la “Canción para atraer al ser amado. Escrita por Yara de Yanga, aquí mentada Juana de San José, pero ese nombre no cuenta.” (Casas, 2019, p.84)

Es particularmente simpático el segmento en el que Sor Juana hace que la esclava lea en voz alta “unos versos de negrillos” (Casas, 2019, p.113). Yara comienza a leer con torpeza los versos de Cantemo, Pilico, el conocido villancico escrito por la monja y terminan ambas moviendo las caderas y bailando al compás de las palmadas de la religiosa. A lo largo de este capítulo, poesía, métrica, ritmo, entonación, reflejan la pasión de Sor Juana por la música, y explica la tenencia en su celda de instrumentos musicales que cuida con gran celo. Es un pasaje singularmente lúdico, alegre, espontáneo, libre.

En la novela, el juego se presenta como una constante, lo encontramos en el viaje de Yara, la Jacinta y Orlando hacia el mercado de esclavos cuando juegan “el juego de decir” y se confiesan secretos que no deben ser mencionados antes otros; también en las noches de las monjas dentro del claustro se Juega a los naipes, a los dados, al Salto, brinca quetebrinca y así, jugando, trataban de olvidar su exclusión del mundo exterior.

Pero, sin dudas, uno de los temas más interesantes de esta novela es el de la cocina conventual. Las continuas referencias a la comida a través de sus páginas despiertan la curiosidad y el apetito. Ya desde la llegada a la ciudad, en el Mercado donde Yara se esconde entre los puestos de venta, se pregonan los más variados alimentos y utensilios de cocina:

“¡Cacao y vainilla pal chocolatl!

¡Comales, metates, ajolotes!” (Casas, 2019, p.39)

La monja tornera la invita a tomar rompope, la monja chueca le da pan y miel y cocina moles para el guajolotl y galletas de canela; otras religiosas cuecen carne y maíz bola para el pozol, natillas, tamales, buñuelos, manchamanteles. La madre poeta, por su parte, fríe huevos y le explica a su esclava “por qué lo blanco y lo amarillo del huevo se unen en la manteca y se descuajaringan en el almíbar.” (Casas, 2019, p.56), versión ésta, sin dudas, de la confidencia sobre el guisar y aprender que hace Sor Juana en la Carta respuesta a Sor Filotea de la Cruz.

Google Foto

Y justamente, para hacer honor a esa cocina virreinal que se creaba en los conventos, he cocinado para esta entrada del Blog una receta que aparece en el Recetario atribuido a Sor Juana y que se incluye en el interesante estudio Sor Juana en la cocina de Mónica Lavín y Ana Benítez Muro. De su recetario, que entre sus 38 recetas incluye tortas, antes, buñuelos, postres de huevos, postres de leche y varias otras delicias de aquellos tiempos, yo seleccioné el Manchamanteles, una especie de guiso preparado a partir de chile ancho que mezcla sabores picantes con los de las frutas y especias que se le añaden. Si bien, he trabajado con la interpretación de la receta y no con la brevísima indicación que da la monja, espero que el resultado nos traslade de algún modo a los gustos y paladares de su época.

A continuación, la receta original y luego su interpretación moderna.

Manchamanteles

Foto: Violeta Romero

Chiles desvenados y remojados de un día para otro, molidos con ajonjolí tostado, y frito todo en manteca, echarás el agua necesaria, la gallina, rebanadas de plátano, camote y su sal necesaria.

Ingredientes

1 pollo entero o 6 piezas al gusto

3 chiles anchos desvenados y hervidos

½ taza de ajonjolí tostado

2 tazas de jitomate asado, molido y colado

1 cebolla partida a la mitad y asada

½ cucharadita de canela molida

½ cucharadita de clavo de olor molido

½ cucharadita de pimienta negra molida

¼ de taza de pasas

2 cucharadas de manteca

¼ de taza de almendras limpias

1 plátano macho

2 rebanadas de piña

2 cucharadas de azúcar (opcional)

½ kilo de camote cocido y rebanado

1 manzana ligeramente cocida

Modo de preparar

Cueza el pollo en agua necesaria durante 40 minutos; añada sal y pimienta y unas hierbas de olor si lo desea. Resérvelo con su caldo.

Muela los chiles anchos, el ajonjolí, los jitomates, la cebolla, la canela, el clavo, la pimienta, la taza de uvas, y fríalos en manteca durante 10 minutos. Agregue tres tazas de caldo de pollo y cocine cinco minutos más. Si gusta, añada el azúcar y sazone. Agregue el pollo y déjelo cocer cinco minutos más, manteniéndolo caliente. Sirva con las frutas y las almendras.

Manchamanteles y Agua fresca de tamarindo, Foto: Violeta Romero

2 comentarios sobre “La esclava de Juana Inés, un tributo a la palabra escrita y la cocina conventual.

  1. Voy a buscar el libro. Me parece fantástica la manera en que presentas la trama, dan ganas de leer el libro. Y muchas veces uno se olvida de que la Inquisición tuvo plaza fuerte en México. El primer gobernador de Nuevo México fue llevado a la Ciudad de México y quemado en la hoguera por “judaizante.” Hay mucho material.

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s